Cartilla Narraciones de ancianos ya olvidadas



“Reconstruyendo el ayer”
Empresa cultural dirigida por estudiantes de la
Universidad Autónoma del Caribe.








NARRATIVAS DE ANCIANOS YA OLVIDADAS


























“Hay que luchar contra la idea de que el viejo es funcionalmente limitado (…) La mayoría de la población anciana no se halla impedida”.
– Dr. Ricardo Moragas, gerontólogo




















Como lo anuncia su título, esta cartilla ofrece una colección de historias relatadas por los adultos mayores del Hogar Geriátrico “Semillitas de fe” en la que mediante el conocimiento y la narrativa se plasma la utilidad de estas. Esta cartilla será una herramienta de apoyo para el futuro de las personas, recoge las historias del pasado de muchos ancianos con detalles que nos conmueven. La idea de nuestra empresa era plasmarlas en este libro. Y así lograr transmitirlo para un beneficio, ya que de aquí muchas personas pueden valerse de estas vivencias que hoy se comparten en estas. La vida nos ha enseñado a que todos los seres humanos tendemos a tropezar con las mismas piedras, a llorar por los mismos sucesos, a alegrarlos por las mismas pruebas superadas.

Esperamos que estos ejemplos les sirvan de ayuda, esa es nuestra intención. 
Aprendan a valorar a sus abuelos y pasar cada instante de la vida con ellos.












© Ediciones Reconstruyendo el ayer, 2018
Ana Martínez y Melissa Pérez, Barranquilla
Celular: 3014591104
Correo: anakary_1902@hotmail.es
Impreso en Colombia
Universidad Autónoma del Caribe (Colombia/Atlántico)






CAP I
EL VERDADERO AMOR DE ESPOSOS


Ella, una adulta mayor de 90 años es una anciana noble y de buen corazón. Tiene 2 hijas y un varón, es viuda y casada. Siempre he vivido en la ciudad de Barranquilla, Desde muy joven tuve un romance con un joven que estudiaba derecho. Fueron tantos años de felicidad, días alegres al lado de mi novio. Mi relación se basó mucho en la confianza y el amor, nos escribíamos cartas todos los días de nuestras vidas y en fechas especiales nunca faltaba el detalle.

Llevaba una relación muy bella, ni en sueños ha llegado a pensar que tuve rivales durante mi romance. Tiempo después me case y mi esposo se vino de Bogotá donde estaba radicado para Barranquilla a armar nuestro propio hogar. Cuando nos casamos hicimos que nuestra luna de miel durara un año. Ahorramos todo lo que pudimos, renunciamos a nuestros trabajos y decidimos darle la vuelta al mundo. Hicimos nuestros propios pronósticos y ahorramos el dinero para pasar el año sin apuros. Fuimos a varios países en Europa y Sudamérica, vimos muchos atardeceres y amaneceres en distintos lugares. Una luna de miel de doce meses.

Los primeros tres meses fueron en Europa, y cuando regresamos, nos quedamos en Guatemala un mes para descansar, y luego al siguiente nos fuimos a Sudamérica. Primera parada, Buenos Aires, Allá nos recibieron unos conocidos en el aeropuerto y estuvimos en su casa una semana, a petición de ellos mismos.

Con el pasar del tiempo, la relación se fue cayendo poco a poco, nos habíamos casado a escondidas porque los papas de mi esposo no eran gustosos de la relación y eso influyó mucho en el matrimonio. A pesar de esto, fueron épocas lindas al lado de él, viví como en sueño tantas cosas y momentos compartidos con él. Disfrute de su felicidad por 10 años, hasta que se murió.
Y, cómo si ese pequeño momento nunca hubiera pasado, en mi mente siguió ese feliz matrimonio, en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, hasta que la muerte nos separó.



Fin



-Ligia Esther Viloria de Escolar.





CAP 2
RELATO DE UNA AVENTURERA


Desde muy joven, me encantaba viajar y conocer costumbres de otros países. Mi primera visita fue a Jerusalén en una peregrinación con varios sacerdotes, fue una experiencia única y maravillosa. Lo que viví, lo que hicimos, y en mi caso, cómo lo sentí fue realmente algo muy hermoso.  Principalmente por ser la tierra de Nuestro Dios, es algo “único”. Son demasiadas las cosas que hay que ver en Jerusalén, y, sobre todo, demasiado el tiempo que hay que dedicarle para llegar a entenderla.

Siempre fui consciente que al igual que toda madre que busca lo mejor para sus hijos, mi madre siempre busco lo mejor para mí, me entregué de alma y cuerpo atenderla durante su enfermedad, nunca la deje sola y a pesar de todo esto siempre salí adelante. Entonces, crecí viviendo y explorando cosas, lugares, experiencias que me desarrollaron diferente, y todo esto es algo que jamás terminaré de agradecerle a mi mamá.

No sé exactamente cuándo empezó la idea de viajar y recorrer el mundo, desde muy joven he tenido la oportunidad de viajar dentro y fuera de mi país, generalmente países, pero viajar de esta forma siempre había sido parte de mi vida ideal. Me sentía bien viajando, estuve por Estados Unidos y viste también 8 países de Europa en excursiones, la excursión fue desde New York hasta Disney World. En esa época todo era más accesible, económico y esto me permitió salir a conocer varios lugares. 

Otra experiencia que siempre quise tener fue la de vivir sola, no me gustaba vivir con ningún familiar y desde que mi mama dejo de existir en mi vida, lo decidí. Me gusta la tranquilidad y el silencio. Ahora habito en un hermoso Hogar Geriátrico, en el que comencé a vivir mi experiencia y me ha ido muy bien. Soy fiel creyente a Dios, tengo una fe intacta y sé que todo lo que hago está rodeado en nuestro Dios Jesucristo.

“La Fe es una elección individual que cada persona debe buscar, desarrollar y cultivar. Si la utilizamos apropiadamente, tiene resultados de alcance extraordinario ya que puede transformar nuestra vida y convertirla en una sinfonía de gozo y felicidad”.



Fin



-Anónimo.




CAP 3
EDWARD EL PUEBLO QUE CAMINA


1978 pueblo viejo magdalena, un pueblo morado de pescadores, bañado de brisas y sol. Sus habitantes nunca se imaginaron que Edward Jiménez Hernández, el cuarto de los siete hijos del señor Juan Alberto Jiménez y la señora Consuelo Hernández, se convertiría en poco tiempo en la figura más representativa de su pueblo. Edward creció en el amor de una humilde familia, su padre quien solo cursó has quinto grado de primaria, salía día a día, sin descanso, a realizar su faena pesquera para traer el alimento a casa, mientras la señora consuelo preparaba tomas y ungüentos con plantas medicinales, oficio heredado de su madre, para poner a servicio de la comunidad y así poder conseguir dinero extra para enviar a los niños a la escuela.

Edward siempre esperaba con ansias la llegada de su padre, pues él sabía que este siempre tenía algo nuevo que contarle, una anécdota recién sucedida. En pueblo viejo no había fluido eléctrico, las noches sin luna se alumbraban con mechones a gas y el pasatiempo favorito de los niños del barrio era sentarse en las bancas de la esquina, bajo la luz de luna clara y disponerse a recontar y a escuchar las historias que le contaban sus padres.

Edward era muy bueno contándole historias a sus amigos, su tono de misterio y su expresión corporal hacia que los asistentes a su exposición se adentraran en sus historias, tanto así que mucho se iban a casa cuando llegaba el momento de las historias de terror, ya que después de escucharlas no conciliaban el sueño fácilmente y cuando por fin lo conseguían, este se veía interrumpido por las pesadillas.

La “bola” de que Edward contaba muy buenas historias se regó en los barrios vecinos y esto hizo que aumentara la cantidad de niños en la esquina del barrio, pero a Edward ya se le estaban agotando las historias, entonces se dio a la tarea de investigar y escuchar no solo las anécdotas de su padre sino también las anécdotas de sus tíos, vecinos y muchos otros señores del pueblo.

Cuando Edward cumplió su mayoría de edad pensó que era el momento de agregar a su lista de historia una vivencia de carne propia, así que en compañía de Annor, su primo-hermano, hijo de su madrina Martina, a quien le decían Tarzán porque le gustaba estar trepado en los árboles, salieron a eso de las 7:00 de la noche para una faena de pesca, como no contaban con canoa propia fueron a casa de doña María, quien vivía a orillas de la ciénaga, para que le alquilara una de sus tres canoas, pero la que le quedaba libre estaba un poco descompuesta y debía entrar en reparación, pero esto no fue motivo suficiente para que los muchachos desistieran de su travesía.

Pusieron en marcha su embarcación y para colmo de males, la palanca era pequeña, solo media alrededor de dos metros y uno de sus dos canaletes estaba cortado verticalmente por la mitad., así que se fueron bordeando la costa de la ciénaga para evitar ser arrastrados por la corriente. Esta ciénaga desembocaba en el mar el cual estaba no muy lejos de donde se encontraban Edward y Tarzán. 10 minutos después de haber salido, amarrando la canoa a unas ramas de mangle y se dispusieron a lanzar los anzuelos para atrapar los peses, pasaron 20 largos minutos y los peses no daban señales de pernotar en se punto, así que se soltaron y remaron un par de kilómetros más adelante, volvieron a amararse a los mangles, pero fue hasta media hora más tarde que Tarzán sintió que algo tiraba de su nailon, lo recogió rápidamente para no darle oportunidad de escapar y con suerte logro traerlo consigo. Su entusiasmo pronto bajó, el tamaño del pez no era el esperado aun así decidieron conservarlo por ser su primera pesca, pensaron que le traería buena suerte, poco tiempo después se movieron otros 4 kilómetros adelante ya casi se veía el tramo donde se encontraba el mar con la ciénaga.

La ciénaga bajaba como un rio hacia el mar pasando por debajo del puente la Barra, este une a pueblo viejo con la isla del rosario, uno de sus corregimientos, Edward recordó que muchos pescadores le contaron que en esa zona abundaban los peses grandes y gordos, así que le propuso a Tarzán atravesar hasta la isla para pescar mejores peses.

Tarzán no lo dudó y acepto la propuesta de Edward y de inmediato se pusieron a remar, pero a mitad de camino la fuerza del agua los hizo chocar con un árbol que estaba enterrado en medio de la ciénaga y que solo se veía en tiempos de marea baja, haciendo que se ahuecara la canoa y se comenzara a filtrar agua, eso implicaba que uno de los dos debía dejar de remar y ponerse a sacar el agua para no hundirse.

Mientas Edward sacaba el agua, los esfuerzos de Tarzán por llegar al otro extremo no eran suficientes y rápidamente la corriente los arrastró hasta el mar, en la oscuridad de la noche ninguno de los pescadores cercanos se percatan de lo que ocurre. Ambos sabían que las canoas fueron diseñadas para navegar solo en las tranquilas aguas de la ciénaga y que no resistirían mucho tiempo el embate de las olas del mar.

Luego de soportar durante media hora las fuertes olas, mojados por completo, ambos sacaban el agua y sin nadie que remara, fueron arrastrados mar adentro, en su descuido una fuerte ola golpeo de costado la embarcación haciendo que esta se volcara.

Como buenos pescadores nadaban muy bien, pero el frio de la noche disminuía sus posibilidades de supervivencia, nadaban en círculos sin saber en qué dirección había tierra firme. Lograron permanecer vivos durante dos horas más, sin mayor complicación, pero pronto las bajas temperaturas hacían de las suyas… sus cuerpos se enfriaban y cada vez era más difícil mantenerse a flote, Edward sintió como su pierna se acalambraba, pensó que era su fin, mientras Tarzán gritaba:

-auxilio, auxilio…

Sin tener respuesta.

Edward pensó que estaba delirando cuando a lo lejos escuchó un zumbido, pero también sentía que ese zumbido se acercaba rápidamente hacia ellos, le preguntó a Tarzán si lo escuchaba y este le contestó que sí. Era una lancha que se acercaba muy rápido y ambos gritaban con fuerza:

-¡ayuda, ayuda!

Pero la lancha no disminuía la velocidad y se acercaba en dirección a ellos, sí quedaran debajo de esta, no vivirían para contarlo. A escasos 10 metros de distancia se escucha un fuerte impacto, el motor de la lancha se apagó y cambiando el curso de esta y haciendo que disminuya la velocidad, se escuchó nuevamente.

–Auxilio, auxilio-

Y desde la lancha alumbraron con un foco de mano, el señor Alex, uno de los cuatro sujetos que venían a bordo de la embarcación sorprendido preguntó (gagueando).

-Que, que, ¡qué nojoda! ¿Ese no es el hijo de lucho?

A lo que responde su hermano Abel.

-Sí… tírale la bolla.

Tarzán emocionado al escuchar las voces de los tripulantes advierte.

-Tío Abel, tío Abel, Edward también está aquí conmigo.

-Pero donde está que no lo veo, Edward, Edward… no lo veo.

Arístides se lanzó de inmediato al agua para buscarlo, pero no lo encontró y mientras trataban de subir a Tarzán por un extremo de la lancha, por el otro algo intentaba subir, el negro se fijó y se dio cuenta que era Edward tratando de subir.

-Tidi súbete que ya lo encontré.

Todos dentro de la lancha, ya pasado el peligro después del susto viene la risa.

Alex se dio cuenta que lo que golpeó contra el motor había sido un gran trozo de madera, la canoa, le ataron la cuerda de un ancla y lo lanzaron a fondo para asegurarse de que no se la llevara la corriente, para volver por ella en la luz del día. Con un par de golpes y unos insultos mágicamente el motor encendió y pronto regresaron a casa, de camino a esta contaban chistes y agradecían a Dios por seguir con vida.

Edward siguió contando historias y decidió hacer de esta su profesión, así que estudió con muchos esfuerzos en una academia de teatro ubicada en la ciudad de barranquilla, luego de tres años logró graduarse como actor y director de teatro, reclutó a chicos entusiastas de su pueblo y formó su propia academia, desde entonces vive recorriendo junto a su grupo de actores, los pueblos y veredas de su región, llevando a grandes y chicos las más sorprendentes y mágicas historias.



Fin



- Edward Jiménez Hernández.




CAP 4
SUEÑO CONVERTIDO PESADILLA


Recuerdo que desde muy niña soñaba con ir a los estados unidos fue tanto el deseo de ir a ese lugar que todo lo que hacía tenía que ver con ese destino, mis tareas en la escuela, los juegos, la forma de vestirme otras muchas cosas más que veía en la televisión, que en ese momento era a blanco y negro.

En mi infancia no era muy amante a los juegos tradicionales, pero mi hermano sí. Él jugaba a las escondidas, a los policías, a la yuca y en especial a sé que le llaman ato, si ato mate rire rireró. Después que venía de la escuela no hacía más que jugar. Mientras tanto yo mantenía pensando como conseguiría ir a los estados unidos.

Cuando por fin terminé el bachillerato tenía como unos 20 años y recuerdo con tanta emoción que por motivo de mi grado me regalaron un casete de VHS en él estaba grabado un curso básico de futbol americano. En ese momento conocí y me enamoré perdidamente de ese deporte.

Con mucho esfuerzo mis padres me inscribieron en un curso de maestros de primaria, no era lo más esperado por mí, pero era hasta donde mus padres alcanzaron a apoyarme. Cuando me gradué no tardé mucho en comenzar a trabajar. Fui selecciona por tener buenas calificaciones durante mu preparación como docente de primaria, pero el deseo que tenía desde niña aun persistía.

Después de tres años logré ahorrar lo suficiente para pagarme un curso de inglés que necesitaba si quería ir a los Estados Unidos. No fue fácil estudiar y trabajar. Muchas veces quise desistir de la idea, pero un recorte de periódico en el que se encontraba la imagen de la estatua de la libertad, lograba devolverme la esperanza. Recuerdo que en ese entonces había un premio para el primer lugar del curso, con gran esfuerzo (horas en vela, dietas forzosas entre otras cosas) logré demostrar que más que nadie merecía ese premio y que tenía las capacidades para representar a mi curso en el exterior.

Como era de esperarse fui candidata y posteriormente ganadora de premio, era un sueño hecho realidad. Los boletos en mis manos decían que debía partir el día diez del primer mes del año próximo. Solo faltaban mes y medio para el viaje, así que comencé a prepararme en cuanto a maletas y utensilios que necesitaría.

Cuando llegó el tan esperado día mis padres no pudieron ir conmigo a despedirme, en su lugar fue una de mis compañeras de clase, me sentí muy triste porque quería que ellos estuvieran ahí, pero se encontraban descansando en la finca de mis tíos, tal fue la emoción y la preparación que olvidé por completo avisar que día me iría, pero bueno ya el día había llegado y no había marcha atrás.

En el viaje aproveché para descansar, con todo el ajetreo no había tenido tiempo para hacerlo así que todo el recorrido dormí. Cuando llegué me sentí muy feliz, había un auto esperando por mí para llevarme al hotel donde me hospedaría por 15 días.

Tan pronto estuve en el hotel y ya instalada en mi habitación me puse a pensar y a reflexionar en todo lo que había conseguido con mi propio esfuerzo y hasta donde había llegado. Al principio me sentí muy feliz y pero eso no me duró mucho, rápido entendí lo sola que estaba, sin mi familia, sin mis amigos y sin alguien con quien compartir mi felicidad.

Hasta el día de hoy las cosas siguen igual. Aunque en ese momento me di cuenta de la situación no le di la importancia que requería. Lento mucho no haber jugado con mis amigos en mi infancia como si lo hacia mi hermano, hubiera querido pasar más tiempo con mis amigas y salir a sitios recreativos, hacer paseos y divertirme, pero no fue así. Me obsesioné tanto que olvidé vivir mi vida.

La vida tiene etapas y no puedes pasar sobre ellas o simplemente pensar que no existen, debes vivir cada una de ellas y cuando llegue el momento dejarla ir una, bebes darle paso a otra con actitud y responsabilidad. Comparte con las personas a tu alrededor y demuéstrales día a día cuanto os quieres.



Fin




-Noemi Acosta.




CAP 5
TRIUNFO DEL AMOR


Estela nos contó que su amor fue un idilio, siempre vivió cerca de Julio Ojito, quien fue su compañero sentimental. La manera en que se comunicaban era con cartas, a Estela siempre le ha gustado escribir y leer.

Cuenta que era la mejor de su clase, que siempre tenía buena ortografía a diferencia de sus compañeras. Le fue tan bien en escritura que la colocaban a suplantar a las profesoras cuando no podían asistir. En esos años, hubo una discordia entre los liberales y los conservadores; la familia de Palma era totalmente liberal. Un día, uno de los candidatos liberales le dijo al papá de Estela que, si le conseguía muchos votos y el ganaba, nombraba a su hija (Estela), profesora. Y así fue, ganó el candidato liberal y Estela fue nombrada maestra.

Pasaban los años y ella seguía escribiéndose cartas con Julio, este le insistía para verse y ella se negaba porque le gustaba mucho escribir. Pasaron los días y por la noche la llama su padre, ella notó el llamado extraño porque no la llamó como era de costumbre. Cuando ella sale de su cuarto, se encuentra con Julio, su padre y su madre en el comedor. Ella quedó asombrada y tenía un poco de miedo. El padre comienza a decirle a Estela todo lo que dijo Julio, y decía estar inconforme por no saber que se enviaba cartas con él por mucho tiempo. Al finalizar la cena, el padre de Estela acepta la relación de ellos dos. Y luego, Julio iba todas las noches a visitar a Estela, pero eso sí; Julio en un sillón y Estela en otro.

Así fueron pasando los años y Estela se fue vivir con Julio. Y tuvieron su primer hijo, al cual llamaron Julio Ojito Palma, quien es magistrado del Tribunal Superior de Barranquilla. Cuenta que su embarazo fue terrible, porque no comía, ni tomaba agua. Pasaba con dolores, decaídas y nauseas. Dice Estela que estaba conversando con alguien y de la nada lo vomitaba. Dice que no hubo medico en Barranquilla que le curara los dolores y le diera apetito. Al fin dio a luz, fue el momento más feliz porque nunca su esposo Julio la abandonó, siempre estuvo con ella y pudo percibir las lágrimas que derramó cuando vio a su hijo.

Julio Ojito Palma, el primogénito de ese hogar fue creciendo. Y Estela y Julio tenían ganas de tener otro bebé y que fuese una niña. Hubo varios intentos, pero Estela siempre decaía, y al igual que su embarazo pasado no comía y perdía a los bebés. Quedó embarazada dos veces y las dos veces lo perdió. Ya cuando el primer hijo tenía de diez años, decidieron hacer el último intento y vaya que resultó. Aunque fue lo mismo que con los embarazos pasados pero esta vez Estela puso de su parte y aunque no tuviese apetito, comía.

Estaban ansiosos de tener a su niña, Julio, su esposo, la acompañaba a todas las citas para detectar el sexo del bebé pero este nunca mostró. Al momento del parto, estaba toda la familia ansiosa por saber que sexo sería y resulta que fue otro varón. Al cual llamaron Juventino Ojito Palma.

Julio Ojito Palma, decidió estudiar derecho. En cambio, Juventino no quiso estudiar y se dedicó a la música. Estela dice “estoy orgullosa de mis varones, porque ambos lucharon por ser alguien en la vida. ¡Ay! Perdón, desde el momento de nacer ya son alguien. Así que, estoy orgullosa porque ambos lucharon por tener una herramienta para sostenerse en la vida y destacar siempre”.



Fin




- Estela Palma.




CAP 6
EL ÚLTIMO ADIOS


Benita contó la manera como le dio su último adiós a su esposo.

Nos cuenta que vivían en barrio Chiquinquirá de Barranquilla, ambos vivían en el mismo barrio. Crecieron juntos y siempre fueron amigos hasta ya eran mayores. Trabajaron juntos en una empresa llamada “Marysol”, desde que eran jóvenes y cuando pasaron los años se ennovió con él, y todos en la empresa sorprendidos, empezaron a preguntar. Pasaron los años y ellos formaron un hogar; en el seno de ese hogar nació Marla Díaz, Belkis Díaz y Doris Díaz. Estas tres mujeres fueron el fruto de ese amor y las productoras del recuerdo de su esposo.

Cuenta cuando se casó con su esposo, dice que la iglesia se llenó, había mucha gente. Su vestido era muy particular y el más hermoso porque dos de sus tías se lo hicieron, le arreglaba cada detalle y su vestido fue perfecto. Fueron pasando los años y el esposo de Benita se accidentó.  

Cuenta que fue lo que más la marcó, cuando tuvo el accidente, se enfermó y quedó en una cama. Un día como cualquiera llamó a sus tres hijas y les dijo “yo me voy a subir al cielo; así que cuiden mucho de su madre” y ella se quedaba calladas y salían en llanto de la habitación. Benita al ver sus hijas destruidas la colocó muy triste, pero ella tenía que estar siempre fuerte para darle tranquilidad y confianza a su esposo y a sus hijas.

Hasta que el amado de Benita partió al cielo, cuando fueron a la iglesia a realizar el respectivo adiós como Dios manda. La iglesia estaba llena, estaban todos los vecinos del barrio, todos los amigos del trabajo del esposo de Benita. Estaban todos con sus rosarios en la mano, ella dice que todos la abrazaban, pero ella no quería eso, lo que ella quería era tenerlo a él para abrazarlo. Hicieron la misa y al finalizar colocaron las canciones que él cantaba siempre y Benita al escuchar esas melodías se partió en mil pedazos. Cuando iban en camino al cementerio estaban las calles llenas y la multitud cantaban alabanzas para que el alma de su esposo fuese al cielo.

Al finalizar de sepultar a su esposo, en su mente sonaron las palabas del padre que los casó: “solo la muerte los separará”.
Sus niñas estaban pequeñas cuando él murió y no sabía que decirle cuando ellas preguntaban por su papá. Ella en ese momento solo quería morirse para irse con él, pero no podía porque aún quedaban sus hijas, su madre y su padre.



Fin



- Benita Isabel Iglesia.




CAP 7
HISTORIA SOBRE UN ÁNGEL LLAMADO URIEL


Cuando viví en Costa Rica, me encantaba asistir a reuniones a las cuales me invitaban para ayudar a las personas, en este caso era una cena navideña para recaudar fondos; no era en la propia Ciudad de San José en Costa Rica, sino en un campo bastante retirado donde había un pabellón. Me habían dicho que este evento era breve y pensé que a las cinco de la tarde se terminaría todo, pero en realidad de 9:30 a 10:00 de la noche fue que culminó el evento.

Fui con tres conocidas mías en un carro de una de ellas. Al finalizar el evento me quede afuera del pabellón esperándolas pero una sobrina y tía de la dueña del vehículo habían asistido al evento y al verlas prefirieron llevarlas a ellas dejándome completamente sola. Fui a la orilla de la carretera y aun no creía lo que pasaban, volvía a buscar en el pabellón a personas conocidas; conocía a algunas personas que ya se iban alejando pero nadie me dijo “Vente a mi casa y llamas un taxi”. Pregunté a un guardia por las personas y él me dijo: no están, ellas ya se fueron. Estamos ya recogiendo mesas y todo porque ya no hay nadie aquí.

Eran ya alrededor de las 11pm, fui a la orilla de la carretera y como persona religiosa que soy dije: “Señor Jesús, tu nunca me has abandonado en mi vida y siempre me has ayudado, tenme de tu mano”. Escuché a lo lejos el ruido de un vehículo, el último bus que iba pasando y fue ahí cuando me puse a la mitad de la vía, ya que no creía que me fuera atropellar.

Cuando subí había 3 personas, quise sentarme detrás del chofer para sentirme más segura pero los dos puestos seguidos a él ya estaban ocupados y el único cerca del chofer era detrás de esos, el cual tenía ya a un joven a la orilla de la ventanilla, me senté al lado de él. Él notó mi ansiedad cuando le pregunte al chofer sobre una famosa farmacia pero lo que en realidad quería preguntarle era sobre una catedral donde habían puestos de taxis y buses; él me dijo que llegaba mucho más lejos que eso y que por ahí no pasaba, aunque yo sabía que no era en la farmacia, yo solo lo dije por decir algo y me senté de todas maneras.

Al llegar a la capital, la cual estaba demasiado oscura, veo a una señora con un vestido muy corto y con dos hombres a los lados, al principio pensaba que era para protegerla del sereno pero después vi a otra en las mismas condiciones y ahí entendí todo. No me di cuenta cuando el joven que se encontraba a mi lado bajó; yo pensé que el chofer se condolería de mi situación y me llevaría a la catedral pero no fue así, me dijo que caminara muchas cuadras y doblara a la derecha.

Cuando me iba a bajar dándome cuenta del ambiente oscuro y solitario que había, me encontré con una mano y un joven serio, alto y bien vestido que me dice: “¿La acompaño? Este lugar es muy peligroso”, aunque dudaba del interés que el tenia de acompañarme le dije que sí, me ayudó a bajar pero en ningún momento deje que me cogiera del brazo y me aleje a cierta distancia de él.

Le había dicho que quería ir a la catedral, seguimos caminado y en todo el trayecto no me decía ni una sola palabra, él trataba de hacerme hacia la orilla como era natural pero yo no dejaba y seguí en el centro de la calle. Más adelante vi una claridad y todo se comenzaba a ver más iluminado lo que me hizo sentir más confianza; al seguir caminado vimos cinco hombres jóvenes en la cera del frente.

Fue ahí cuando él hace la única pregunta en todo el tiempo que me estuvo acompañando,  y esta fue: “¿Crees en los ángeles?”, ahí se me desato la lengua y le respondí que por supuesto creía, que ellos eran los mensajeros de Dios para protegernos; a lo que él me responde que también hay ángeles malos, al decirme eso le exprese que no podían existir ángeles malos, alrededor de un humano y en su corazón siempre han estado gobernando nuestra vida Dios y los ángeles buenos que nos defienden.

Seguí caminando y él no me decía ni una sola palabra, vi al final de la cuadra que estábamos cerca de la catedral. Al llegar a la esquina y estar la catedral diagonalmente, le pregunte como se llamaba y el me responde Uriel, no me preguntó sobre mi nombre ni ningún otro tipo de información, así que le dije: Uriel, ya usted ha hecho mucho por mí, ya cruzo esta avenida y puedo tomar un taxi; él me dice: “A estas horas de la noche podría ir un vehículo a toda velocidad aprovechando que no hay tráfico y podría hacerle un daño, yo la acompaño a cruzar”.

Al cruzar y llegar a la esquina estaba casi todo completamente solo, a excepción de 3 personas que iban pasando. Yo de costumbre era una persona bastante extrovertida, cariñosa y me encantaba abrazar a los demás, pero con él no me atreví ni siquiera a cogerle el brazo, solamente le puse el dedo de mi mano derecha en el lado del corazón involuntaria mente. Yo toque algo raro, me sorprendí mucho, sentí algo como hueco, lleno de otra cosa que no era ni piel ni carne, así que tome valor y le pregunte mirándolo a los ojos: “Uriel, ¿Tu eres un ángel?”.

Uriel me ha quedado mirando a los ojos con una sonrisa tan esplendorosa, no me dijo absolutamente nada, yo le dije que ahí ya tomaba el taxi. Era una avenida bastante angosta, bajé un escalón corto, di un paso y cuando me volteo para despedirme a lo lejos, él ya no estaba. Me dije a mi misma ¿en qué momento pudo caminar y atravesar la avenida grande? Si no le daba tiempo de llegar a otro lado en ese corto lapso de tiempo en el que me di la vuelta.
Tome un taxi y me fui a casa.



Fin



-Anónimo.






Cartilla Narraciones de Ancianos ya Olvidados
Escrita por: Melissa Pérez y Ana Karina Martínez

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