Cartilla Narraciones de ancianos ya olvidadas
“Reconstruyendo el ayer”
Empresa cultural dirigida por estudiantes de la
Universidad Autónoma del Caribe.
NARRATIVAS DE ANCIANOS YA OLVIDADAS
“Hay que luchar
contra la idea de que el viejo es funcionalmente limitado (…) La mayoría de la
población anciana no se halla impedida”.
–
Dr. Ricardo Moragas, gerontólogo
Como lo anuncia su
título, esta cartilla ofrece una colección de historias relatadas por los
adultos mayores del Hogar Geriátrico “Semillitas de fe” en la que mediante el
conocimiento y la narrativa se plasma la utilidad de estas. Esta cartilla será
una herramienta de apoyo para el futuro de las personas, recoge las historias
del pasado de muchos ancianos con detalles que nos conmueven. La idea de
nuestra empresa era plasmarlas en este libro. Y así lograr transmitirlo para un
beneficio, ya que de aquí muchas personas pueden valerse de estas vivencias que
hoy se comparten en estas. La vida nos ha enseñado a que todos los seres humanos
tendemos a tropezar con las mismas piedras, a llorar por los mismos sucesos, a
alegrarlos por las mismas pruebas superadas.
Esperamos que estos
ejemplos les sirvan de ayuda, esa es nuestra intención.
Aprendan a valorar a
sus abuelos y pasar cada instante de la vida con ellos.
©
Ediciones Reconstruyendo el ayer, 2018
Ana Martínez y Melissa
Pérez, Barranquilla
Celular:
3014591104
Correo:
anakary_1902@hotmail.es
Impreso
en Colombia
Universidad
Autónoma del Caribe (Colombia/Atlántico)
CAP
I
EL
VERDADERO AMOR DE ESPOSOS
Ella, una adulta mayor de
90 años es una anciana noble y de buen corazón. Tiene 2 hijas y un varón, es
viuda y casada. Siempre he vivido en la ciudad de Barranquilla, Desde muy joven
tuve un romance con un joven que estudiaba derecho. Fueron tantos años de
felicidad, días alegres al lado de mi novio. Mi relación se basó mucho en la
confianza y el amor, nos escribíamos cartas todos los días de nuestras vidas y
en fechas especiales nunca faltaba el detalle.
Llevaba una relación muy
bella, ni en sueños ha llegado a pensar que tuve rivales durante mi romance.
Tiempo después me case y mi esposo se vino de Bogotá donde estaba radicado para
Barranquilla a armar nuestro propio hogar. Cuando nos casamos hicimos que
nuestra luna de miel durara un año. Ahorramos todo lo que pudimos, renunciamos
a nuestros trabajos y decidimos darle la vuelta al mundo. Hicimos nuestros
propios pronósticos y ahorramos el dinero para pasar el año sin apuros. Fuimos
a varios países en Europa y Sudamérica, vimos muchos atardeceres y amaneceres
en distintos lugares. Una luna de miel de doce meses.
Los primeros tres meses
fueron en Europa, y cuando regresamos, nos quedamos en Guatemala un mes para
descansar, y luego al siguiente nos fuimos a Sudamérica. Primera parada, Buenos
Aires, Allá nos recibieron unos conocidos en el aeropuerto y estuvimos en su
casa una semana, a petición de ellos mismos.
Con el pasar del tiempo,
la relación se fue cayendo poco a poco, nos habíamos casado a escondidas porque
los papas de mi esposo no eran gustosos de la relación y eso influyó mucho en
el matrimonio. A pesar de esto, fueron épocas lindas al lado de él, viví como
en sueño tantas cosas y momentos compartidos con él. Disfrute de su felicidad
por 10 años, hasta que se murió.
Y, cómo si ese pequeño
momento nunca hubiera pasado, en mi mente siguió ese feliz matrimonio, en las
buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la
pobreza, hasta que la muerte nos separó.
Fin
-Ligia Esther Viloria de
Escolar.
CAP
2
RELATO
DE UNA AVENTURERA
Desde muy joven, me
encantaba viajar y conocer costumbres de otros países. Mi primera visita fue a
Jerusalén en una peregrinación con varios sacerdotes, fue una experiencia única
y maravillosa. Lo que viví, lo que hicimos, y en mi caso, cómo lo sentí fue
realmente algo muy hermoso.
Principalmente por ser la tierra de Nuestro Dios, es algo “único”. Son
demasiadas las cosas que hay que ver en Jerusalén, y, sobre todo, demasiado el
tiempo que hay que dedicarle para llegar a entenderla.
Siempre fui consciente
que al igual que toda madre que busca lo mejor para sus hijos, mi madre siempre
busco lo mejor para mí, me entregué de alma y cuerpo atenderla durante su
enfermedad, nunca la deje sola y a pesar de todo esto siempre salí adelante.
Entonces, crecí viviendo y explorando cosas, lugares, experiencias que me
desarrollaron diferente, y todo esto es algo que jamás terminaré de agradecerle
a mi mamá.
No sé exactamente cuándo
empezó la idea de viajar y recorrer el mundo, desde muy joven he tenido la
oportunidad de viajar dentro y fuera de mi país, generalmente países, pero
viajar de esta forma siempre había sido parte de mi vida ideal. Me sentía bien
viajando, estuve por Estados Unidos y viste también 8 países de Europa en
excursiones, la excursión fue desde New York hasta Disney World. En esa época
todo era más accesible, económico y esto me permitió salir a conocer varios
lugares.
Otra experiencia que
siempre quise tener fue la de vivir sola, no me gustaba vivir con ningún familiar
y desde que mi mama dejo de existir en mi vida, lo decidí. Me gusta la
tranquilidad y el silencio. Ahora habito en un hermoso Hogar Geriátrico, en el
que comencé a vivir mi experiencia y me ha ido muy bien. Soy fiel creyente a
Dios, tengo una fe intacta y sé que todo lo que hago está rodeado en nuestro
Dios Jesucristo.
“La Fe es una elección
individual que cada persona debe buscar, desarrollar y cultivar. Si la
utilizamos apropiadamente, tiene resultados de alcance extraordinario ya que
puede transformar nuestra vida y convertirla en una sinfonía de gozo y
felicidad”.
Fin
-Anónimo.
CAP 3
EDWARD EL PUEBLO QUE CAMINA
1978 pueblo viejo magdalena, un pueblo morado de pescadores, bañado de
brisas y sol. Sus habitantes nunca se imaginaron que Edward Jiménez Hernández,
el cuarto de los siete hijos del señor Juan Alberto Jiménez y la señora
Consuelo Hernández, se convertiría en poco tiempo en la figura más
representativa de su pueblo. Edward creció en el amor de una humilde familia,
su padre quien solo cursó has quinto grado de primaria, salía día a día, sin
descanso, a realizar su faena pesquera para traer el alimento a casa, mientras
la señora consuelo preparaba tomas y ungüentos con plantas medicinales, oficio
heredado de su madre, para poner a servicio de la comunidad y así poder
conseguir dinero extra para enviar a los niños a la escuela.
Edward siempre esperaba con ansias la llegada de su padre, pues él sabía
que este siempre tenía algo nuevo que contarle, una anécdota recién sucedida. En pueblo viejo no había fluido eléctrico, las noches sin luna se
alumbraban con mechones a gas y el pasatiempo favorito de los niños del barrio
era sentarse en las bancas de la esquina, bajo la luz de luna clara y
disponerse a recontar y a escuchar las historias que le contaban sus padres.
Edward era muy bueno contándole historias a sus amigos, su tono de misterio
y su expresión corporal hacia que los asistentes a su exposición se adentraran
en sus historias, tanto así que mucho se iban a casa cuando llegaba el momento
de las historias de terror, ya que después de escucharlas no conciliaban el
sueño fácilmente y cuando por fin lo conseguían, este se veía interrumpido por
las pesadillas.
La “bola” de que Edward contaba muy buenas historias se regó en los barrios
vecinos y esto hizo que aumentara la cantidad de niños en la esquina del
barrio, pero a Edward ya se le estaban agotando las historias, entonces se dio
a la tarea de investigar y escuchar no solo las anécdotas de su padre sino
también las anécdotas de sus tíos, vecinos y muchos otros señores del pueblo.
Cuando Edward cumplió su mayoría de edad pensó que era el momento de
agregar a su lista de historia una vivencia de carne propia, así que en
compañía de Annor, su primo-hermano, hijo de su madrina Martina, a quien le
decían Tarzán porque le gustaba estar trepado en los árboles, salieron a eso de
las 7:00 de la noche para una faena de pesca, como no contaban con canoa propia
fueron a casa de doña María, quien vivía a orillas de la ciénaga, para que le
alquilara una de sus tres canoas, pero la que le quedaba libre estaba un poco
descompuesta y debía entrar en reparación, pero esto no fue motivo suficiente
para que los muchachos desistieran de su travesía.
Pusieron en marcha su embarcación y para colmo de males, la palanca era
pequeña, solo media alrededor de dos metros y uno de sus dos canaletes estaba
cortado verticalmente por la mitad., así que se fueron bordeando la costa de la
ciénaga para evitar ser arrastrados por la corriente. Esta ciénaga desembocaba
en el mar el cual estaba no muy lejos de donde se encontraban Edward y Tarzán.
10 minutos después de haber salido, amarrando la canoa a unas ramas de mangle y
se dispusieron a lanzar los anzuelos para atrapar los peses, pasaron 20 largos
minutos y los peses no daban señales de pernotar en se punto, así que se
soltaron y remaron un par de kilómetros más adelante, volvieron a amararse a
los mangles, pero fue hasta media hora más tarde que Tarzán sintió que algo
tiraba de su nailon, lo recogió rápidamente para no darle oportunidad de
escapar y con suerte logro traerlo consigo. Su entusiasmo pronto bajó, el
tamaño del pez no era el esperado aun así decidieron conservarlo por ser su
primera pesca, pensaron que le traería buena suerte, poco tiempo después se
movieron otros 4 kilómetros adelante ya casi se veía el tramo donde se
encontraba el mar con la ciénaga.
La ciénaga bajaba como un rio hacia el mar pasando por debajo del puente la
Barra, este une a pueblo viejo con la isla del rosario, uno de sus
corregimientos, Edward recordó que muchos pescadores le contaron que en esa
zona abundaban los peses grandes y gordos, así que le propuso a Tarzán
atravesar hasta la isla para pescar mejores peses.
Tarzán no lo dudó y acepto la propuesta de Edward y de inmediato se
pusieron a remar, pero a mitad de camino la fuerza del agua los hizo chocar con
un árbol que estaba enterrado en medio de la ciénaga y que solo se veía en
tiempos de marea baja, haciendo que se ahuecara la canoa y se comenzara a
filtrar agua, eso implicaba que uno de los dos debía dejar de remar y ponerse a
sacar el agua para no hundirse.
Mientas Edward sacaba el agua, los esfuerzos de Tarzán por llegar al otro
extremo no eran suficientes y rápidamente la corriente los arrastró hasta el
mar, en la oscuridad de la noche ninguno de los pescadores cercanos se percatan
de lo que ocurre. Ambos sabían que las canoas fueron diseñadas para navegar
solo en las tranquilas aguas de la ciénaga y que no resistirían mucho tiempo el
embate de las olas del mar.
Luego de soportar durante media hora las fuertes olas, mojados por
completo, ambos sacaban el agua y sin nadie que remara, fueron arrastrados mar
adentro, en su descuido una fuerte ola golpeo de costado la embarcación
haciendo que esta se volcara.
Como buenos pescadores nadaban muy bien, pero el frio de la noche disminuía
sus posibilidades de supervivencia, nadaban en círculos sin saber en qué
dirección había tierra firme. Lograron permanecer vivos durante dos horas más,
sin mayor complicación, pero pronto las bajas temperaturas hacían de las suyas…
sus cuerpos se enfriaban y cada vez era más difícil mantenerse a flote, Edward
sintió como su pierna se acalambraba, pensó que era su fin, mientras Tarzán
gritaba:
-auxilio, auxilio…
Sin tener respuesta.
Edward pensó que estaba delirando cuando a lo lejos escuchó un zumbido,
pero también sentía que ese zumbido se acercaba rápidamente hacia ellos, le
preguntó a Tarzán si lo escuchaba y este le contestó que sí. Era una lancha que
se acercaba muy rápido y ambos gritaban con fuerza:
-¡ayuda, ayuda!
Pero la lancha no disminuía la velocidad y se acercaba en dirección a
ellos, sí quedaran debajo de esta, no vivirían para contarlo. A escasos 10
metros de distancia se escucha un fuerte impacto, el motor de la lancha se
apagó y cambiando el curso de esta y haciendo que disminuya la velocidad, se
escuchó nuevamente.
–Auxilio, auxilio-
Y desde la lancha alumbraron con un foco de mano, el señor Alex, uno de los
cuatro sujetos que venían a bordo de la embarcación sorprendido preguntó
(gagueando).
-Que, que, ¡qué nojoda! ¿Ese no es el hijo de lucho?
A lo que responde su hermano Abel.
-Sí… tírale la bolla.
Tarzán emocionado al escuchar las voces de los tripulantes advierte.
-Tío Abel, tío Abel, Edward también está aquí conmigo.
-Pero donde está que no lo veo, Edward, Edward… no lo veo.
Arístides se lanzó de inmediato al agua para buscarlo, pero no lo encontró
y mientras trataban de subir a Tarzán por un extremo de la lancha, por el otro
algo intentaba subir, el negro se fijó y se dio cuenta que era Edward tratando
de subir.
-Tidi súbete que ya lo encontré.
Todos dentro de la lancha, ya pasado el peligro después del susto viene la
risa.
Alex se dio cuenta que lo que golpeó contra el motor había sido un gran
trozo de madera, la canoa, le ataron la cuerda de un ancla y lo lanzaron a
fondo para asegurarse de que no se la llevara la corriente, para volver por
ella en la luz del día. Con un par de golpes y unos insultos mágicamente el
motor encendió y pronto regresaron a casa, de camino a esta contaban chistes y
agradecían a Dios por seguir con vida.
Edward siguió contando historias y decidió hacer de esta su profesión, así
que estudió con muchos esfuerzos en una academia de teatro ubicada en la ciudad
de barranquilla, luego de tres años logró graduarse como actor y director de
teatro, reclutó a chicos entusiastas de su pueblo y formó su propia academia,
desde entonces vive recorriendo junto a su grupo de actores, los pueblos y
veredas de su región, llevando a grandes y chicos las más sorprendentes y
mágicas historias.
Fin
- Edward
Jiménez Hernández.
CAP 4
SUEÑO CONVERTIDO PESADILLA
Recuerdo que desde muy niña soñaba con ir a los estados unidos fue tanto el
deseo de ir a ese lugar que todo lo que hacía tenía que ver con ese destino,
mis tareas en la escuela, los juegos, la forma de vestirme otras muchas cosas
más que veía en la televisión, que en ese momento era a blanco y negro.
En mi infancia no era muy amante a los juegos tradicionales, pero mi
hermano sí. Él jugaba a las escondidas, a los policías, a la yuca y en especial
a sé que le llaman ato, si ato mate rire rireró. Después que venía de la
escuela no hacía más que jugar. Mientras tanto yo mantenía pensando como
conseguiría ir a los estados unidos.
Cuando por fin terminé el bachillerato tenía como unos 20 años y recuerdo
con tanta emoción que por motivo de mi grado me regalaron un casete de VHS en él
estaba grabado un curso básico de futbol americano. En ese momento conocí y me
enamoré perdidamente de ese deporte.
Con mucho esfuerzo mis padres me inscribieron en un curso de maestros de
primaria, no era lo más esperado por mí, pero era hasta donde mus padres
alcanzaron a apoyarme. Cuando me gradué no tardé mucho en comenzar a trabajar.
Fui selecciona por tener buenas calificaciones durante mu preparación como
docente de primaria, pero el deseo que tenía desde niña aun persistía.
Después de tres años logré ahorrar lo suficiente para pagarme un curso de
inglés que necesitaba si quería ir a los Estados Unidos. No fue fácil estudiar
y trabajar. Muchas veces quise desistir de la idea, pero un recorte de
periódico en el que se encontraba la imagen de la estatua de la libertad,
lograba devolverme la esperanza. Recuerdo que en ese entonces había un premio
para el primer lugar del curso, con gran esfuerzo (horas en vela, dietas
forzosas entre otras cosas) logré demostrar que más que nadie merecía ese
premio y que tenía las capacidades para representar a mi curso en el exterior.
Como era de esperarse fui candidata y posteriormente ganadora de premio,
era un sueño hecho realidad. Los boletos en mis manos decían que debía partir
el día diez del primer mes del año próximo. Solo faltaban mes y medio para el
viaje, así que comencé a prepararme en cuanto a maletas y utensilios que
necesitaría.
Cuando llegó el tan esperado día mis padres no pudieron ir conmigo a
despedirme, en su lugar fue una de mis compañeras de clase, me sentí muy triste
porque quería que ellos estuvieran ahí, pero se encontraban descansando en la
finca de mis tíos, tal fue la emoción y la preparación que olvidé por completo
avisar que día me iría, pero bueno ya el día había llegado y no había marcha
atrás.
En el viaje aproveché para descansar, con todo el ajetreo no había tenido
tiempo para hacerlo así que todo el recorrido dormí. Cuando llegué me sentí muy
feliz, había un auto esperando por mí para llevarme al hotel donde me
hospedaría por 15 días.
Tan pronto estuve en el hotel y ya instalada en mi habitación me puse a
pensar y a reflexionar en todo lo que había conseguido con mi propio esfuerzo y
hasta donde había llegado. Al principio me sentí muy feliz y pero eso no me
duró mucho, rápido entendí lo sola que estaba, sin mi familia, sin mis amigos y
sin alguien con quien compartir mi felicidad.
Hasta el día de hoy las cosas siguen igual. Aunque en ese momento me di
cuenta de la situación no le di la importancia que requería. Lento mucho no
haber jugado con mis amigos en mi infancia como si lo hacia mi hermano, hubiera
querido pasar más tiempo con mis amigas y salir a sitios recreativos, hacer paseos
y divertirme, pero no fue así. Me obsesioné tanto que olvidé vivir mi vida.
La vida tiene etapas y no puedes pasar sobre ellas o simplemente pensar que
no existen, debes vivir cada una de ellas y cuando llegue el momento dejarla ir
una, bebes darle paso a otra con actitud y responsabilidad. Comparte con las
personas a tu alrededor y demuéstrales día a día cuanto os quieres.
Fin
-Noemi Acosta.
CAP 5
TRIUNFO
DEL AMOR
Estela nos contó que su
amor fue un idilio, siempre vivió cerca de Julio Ojito, quien fue su compañero
sentimental. La manera en que se comunicaban era con cartas, a Estela siempre
le ha gustado escribir y leer.
Cuenta que era la mejor
de su clase, que siempre tenía buena ortografía a diferencia de sus compañeras.
Le fue tan bien en escritura que la colocaban a suplantar a las profesoras
cuando no podían asistir. En esos años, hubo una discordia entre los liberales
y los conservadores; la familia de Palma era totalmente liberal. Un día, uno de
los candidatos liberales le dijo al papá de Estela que, si le conseguía muchos
votos y el ganaba, nombraba a su hija (Estela), profesora. Y así fue, ganó el
candidato liberal y Estela fue nombrada maestra.
Pasaban los años y ella
seguía escribiéndose cartas con Julio, este le insistía para verse y ella se
negaba porque le gustaba mucho escribir. Pasaron los días y por la noche la
llama su padre, ella notó el llamado extraño porque no la llamó como era de
costumbre. Cuando ella sale de su cuarto, se encuentra con Julio, su padre y su
madre en el comedor. Ella quedó asombrada y tenía un poco de miedo. El padre
comienza a decirle a Estela todo lo que dijo Julio, y decía estar inconforme
por no saber que se enviaba cartas con él por mucho tiempo. Al finalizar la
cena, el padre de Estela acepta la relación de ellos dos. Y luego, Julio iba
todas las noches a visitar a Estela, pero eso sí; Julio en un sillón y Estela
en otro.
Así fueron pasando los
años y Estela se fue vivir con Julio. Y tuvieron su primer hijo, al cual
llamaron Julio Ojito Palma, quien es magistrado del Tribunal Superior de
Barranquilla. Cuenta que su embarazo fue terrible, porque no comía, ni tomaba
agua. Pasaba con dolores, decaídas y nauseas. Dice Estela que estaba
conversando con alguien y de la nada lo vomitaba. Dice que no hubo medico en
Barranquilla que le curara los dolores y le diera apetito. Al fin dio a luz,
fue el momento más feliz porque nunca su esposo Julio la abandonó, siempre
estuvo con ella y pudo percibir las lágrimas que derramó cuando vio a su hijo.
Julio Ojito Palma, el
primogénito de ese hogar fue creciendo. Y Estela y Julio tenían ganas de tener
otro bebé y que fuese una niña. Hubo varios intentos, pero Estela siempre
decaía, y al igual que su embarazo pasado no comía y perdía a los bebés. Quedó
embarazada dos veces y las dos veces lo perdió. Ya cuando el primer hijo tenía
de diez años, decidieron hacer el último intento y vaya que resultó. Aunque fue
lo mismo que con los embarazos pasados pero esta vez Estela puso de su parte y
aunque no tuviese apetito, comía.
Estaban ansiosos de tener
a su niña, Julio, su esposo, la acompañaba a todas las citas para detectar el
sexo del bebé pero este nunca mostró. Al momento del parto, estaba toda la
familia ansiosa por saber que sexo sería y resulta que fue otro varón. Al cual
llamaron Juventino Ojito Palma.
Julio Ojito Palma,
decidió estudiar derecho. En cambio, Juventino no quiso estudiar y se dedicó a
la música. Estela dice “estoy orgullosa de mis varones, porque ambos lucharon
por ser alguien en la vida. ¡Ay! Perdón, desde el momento de nacer ya son
alguien. Así que, estoy orgullosa porque ambos lucharon por tener una
herramienta para sostenerse en la vida y destacar siempre”.
Fin
- Estela
Palma.
CAP
6
EL
ÚLTIMO ADIOS
Benita contó la manera
como le dio su último adiós a su esposo.
Nos cuenta que vivían en
barrio Chiquinquirá de Barranquilla, ambos vivían en el mismo barrio. Crecieron
juntos y siempre fueron amigos hasta ya eran mayores. Trabajaron juntos en una
empresa llamada “Marysol”, desde que eran jóvenes y cuando pasaron los años se
ennovió con él, y todos en la empresa sorprendidos, empezaron a preguntar.
Pasaron los años y ellos formaron un hogar; en el seno de ese hogar nació Marla
Díaz, Belkis Díaz y Doris Díaz. Estas tres mujeres fueron el fruto de ese amor
y las productoras del recuerdo de su esposo.
Cuenta cuando se casó con
su esposo, dice que la iglesia se llenó, había mucha gente. Su vestido era muy
particular y el más hermoso porque dos de sus tías se lo hicieron, le arreglaba
cada detalle y su vestido fue perfecto. Fueron pasando los años y el esposo de
Benita se accidentó.
Cuenta que fue lo que más
la marcó, cuando tuvo el accidente, se enfermó y quedó en una cama. Un día como
cualquiera llamó a sus tres hijas y les dijo “yo me voy a subir al cielo; así
que cuiden mucho de su madre” y ella se quedaba calladas y salían en llanto de
la habitación. Benita al ver sus hijas destruidas la colocó muy triste, pero
ella tenía que estar siempre fuerte para darle tranquilidad y confianza a su
esposo y a sus hijas.
Hasta que el amado de
Benita partió al cielo, cuando fueron a la iglesia a realizar el respectivo
adiós como Dios manda. La iglesia estaba llena, estaban todos los vecinos del
barrio, todos los amigos del trabajo del esposo de Benita. Estaban todos con
sus rosarios en la mano, ella dice que todos la abrazaban, pero ella no quería
eso, lo que ella quería era tenerlo a él para abrazarlo. Hicieron la misa y al
finalizar colocaron las canciones que él cantaba siempre y Benita al escuchar
esas melodías se partió en mil pedazos. Cuando iban en camino al cementerio
estaban las calles llenas y la multitud cantaban alabanzas para que el alma de
su esposo fuese al cielo.
Al finalizar de sepultar
a su esposo, en su mente sonaron las palabas del padre que los casó: “solo la
muerte los separará”.
Sus niñas estaban
pequeñas cuando él murió y no sabía que decirle cuando ellas preguntaban por su
papá. Ella en ese momento solo quería morirse para irse con él, pero no podía
porque aún quedaban sus hijas, su madre y su padre.
Fin
- Benita
Isabel Iglesia.
CAP
7
HISTORIA
SOBRE UN ÁNGEL LLAMADO URIEL
Cuando viví en Costa
Rica, me encantaba asistir a reuniones a las cuales me invitaban para ayudar a
las personas, en este caso era una cena navideña para recaudar fondos; no era
en la propia Ciudad de San José en Costa Rica, sino en un campo bastante
retirado donde había un pabellón. Me habían dicho que este evento era breve y
pensé que a las cinco de la tarde se terminaría todo, pero en realidad de 9:30
a 10:00 de la noche fue que culminó el evento.
Fui con tres conocidas
mías en un carro de una de ellas. Al finalizar el evento me quede afuera del
pabellón esperándolas pero una sobrina y tía de la dueña del vehículo habían
asistido al evento y al verlas prefirieron llevarlas a ellas dejándome
completamente sola. Fui a la orilla de la carretera y aun no creía lo que
pasaban, volvía a buscar en el pabellón a personas conocidas; conocía a algunas
personas que ya se iban alejando pero nadie me dijo “Vente a mi casa y llamas
un taxi”. Pregunté a un guardia por las personas y él me dijo: no están, ellas
ya se fueron. Estamos ya recogiendo mesas y todo porque ya no hay nadie aquí.
Eran ya alrededor de las
11pm, fui a la orilla de la carretera y como persona religiosa que soy dije:
“Señor Jesús, tu nunca me has abandonado en mi vida y siempre me has ayudado,
tenme de tu mano”. Escuché a lo lejos el ruido de un vehículo, el último bus
que iba pasando y fue ahí cuando me puse a la mitad de la vía, ya que no creía
que me fuera atropellar.
Cuando subí había 3
personas, quise sentarme detrás del chofer para sentirme más segura pero los
dos puestos seguidos a él ya estaban ocupados y el único cerca del chofer era
detrás de esos, el cual tenía ya a un joven a la orilla de la ventanilla, me
senté al lado de él. Él notó mi ansiedad cuando le pregunte al chofer sobre una
famosa farmacia pero lo que en realidad quería preguntarle era sobre una
catedral donde habían puestos de taxis y buses; él me dijo que llegaba mucho
más lejos que eso y que por ahí no pasaba, aunque yo sabía que no era en la
farmacia, yo solo lo dije por decir algo y me senté de todas maneras.
Al llegar a la capital,
la cual estaba demasiado oscura, veo a una señora con un vestido muy corto y
con dos hombres a los lados, al principio pensaba que era para protegerla del
sereno pero después vi a otra en las mismas condiciones y ahí entendí todo. No
me di cuenta cuando el joven que se encontraba a mi lado bajó; yo pensé que el
chofer se condolería de mi situación y me llevaría a la catedral pero no fue
así, me dijo que caminara muchas cuadras y doblara a la derecha.
Cuando me iba a bajar
dándome cuenta del ambiente oscuro y solitario que había, me encontré con una
mano y un joven serio, alto y bien vestido que me dice: “¿La acompaño? Este
lugar es muy peligroso”, aunque dudaba del interés que el tenia de acompañarme
le dije que sí, me ayudó a bajar pero en ningún momento deje que me cogiera del
brazo y me aleje a cierta distancia de él.
Le había dicho que quería
ir a la catedral, seguimos caminado y en todo el trayecto no me decía ni una
sola palabra, él trataba de hacerme hacia la orilla como era natural pero yo no
dejaba y seguí en el centro de la calle. Más adelante vi una claridad y todo se
comenzaba a ver más iluminado lo que me hizo sentir más confianza; al seguir
caminado vimos cinco hombres jóvenes en la cera del frente.
Fue ahí cuando él hace la
única pregunta en todo el tiempo que me estuvo acompañando, y esta fue: “¿Crees en los ángeles?”, ahí se
me desato la lengua y le respondí que por supuesto creía, que ellos eran los
mensajeros de Dios para protegernos; a lo que él me responde que también hay
ángeles malos, al decirme eso le exprese que no podían existir ángeles malos,
alrededor de un humano y en su corazón siempre han estado gobernando nuestra
vida Dios y los ángeles buenos que nos defienden.
Seguí caminando y él no
me decía ni una sola palabra, vi al final de la cuadra que estábamos cerca de
la catedral. Al llegar a la esquina y estar la catedral diagonalmente, le
pregunte como se llamaba y el me responde Uriel, no me preguntó sobre mi nombre
ni ningún otro tipo de información, así que le dije: Uriel, ya usted ha hecho
mucho por mí, ya cruzo esta avenida y puedo tomar un taxi; él me dice: “A estas
horas de la noche podría ir un vehículo a toda velocidad aprovechando que no
hay tráfico y podría hacerle un daño, yo la acompaño a cruzar”.
Al cruzar y llegar a la
esquina estaba casi todo completamente solo, a excepción de 3 personas que iban
pasando. Yo de costumbre era una persona bastante extrovertida, cariñosa y me
encantaba abrazar a los demás, pero con él no me atreví ni siquiera a cogerle
el brazo, solamente le puse el dedo de mi mano derecha en el lado del corazón
involuntaria mente. Yo toque algo raro, me sorprendí mucho, sentí algo como
hueco, lleno de otra cosa que no era ni piel ni carne, así que tome valor y le
pregunte mirándolo a los ojos: “Uriel, ¿Tu eres un ángel?”.
Uriel me ha quedado
mirando a los ojos con una sonrisa tan esplendorosa, no me dijo absolutamente
nada, yo le dije que ahí ya tomaba el taxi. Era una avenida bastante angosta,
bajé un escalón corto, di un paso y cuando me volteo para despedirme a lo
lejos, él ya no estaba. Me dije a mi misma ¿en qué momento pudo caminar y
atravesar la avenida grande? Si no le daba tiempo de llegar a otro lado en ese
corto lapso de tiempo en el que me di la vuelta.
Tome un taxi y me fui a
casa.
Fin
-Anónimo.
Cartilla Narraciones de Ancianos ya Olvidados
Escrita por: Melissa Pérez y Ana Karina Martínez


Comentarios
Publicar un comentario